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3.3.11

¿CUANDO APRENDEREMOS?



Os escribo esta carta para contaros una historia triste, pero que espero que sirva para evitar que se repitan este tipo de sucesos. Un conocido de mi localidad, Calella de la costa, adoptó no hace ni un año a un precioso Galguito a través de una asociación de nuestra comunidad Catalunya.

Cuando le conocimos un día en el que íbamos paseando con mi hijo y nuestros cuatro Galgos, me alegré muchísimo porque pensé: “Que bien, otro Galguito que ha tenido suerte y esta con una buena familia”, cuanta alegría en esos momentos, pues se armo la marimorena entre ellos, movimientos de rabos por aquí, rabos por allá, lametones, restregones, ladridos, saltos, se habían reconocido como congéneres y hermanos de raza que eran Galgos.

No coincidimos muchas veces más, pero siempre sabíamos que en Calella vivía otro Galgo más.

Pero hace unos días tuvimos la triste noticia de que ese Galguito había muerto, que pena y tristeza me entró, pero más todavía al saber en que circunstancias sucedió. Como cualquier otro día su dueño lo sacó a pasear, por el paseo Marítimo de nuestra localidad junto al cual pasan paralelamente... las vías del tren, que si bien están delimitadas y valladas, no es que sean muy seguras, así es que como muchos de nosotros (incluida yo), que aun habiendo recibido de personas con más experiencia que nosotros sobre como son los Galgos, sus consejos y advertencias de no dejarlos ir sueltos si no estamos en un recinto bien vallado para su propia seguridad, el dueño del Galguito lo dejo suelto para que corriera con la tranquilidad de que como tantas otras veces cuando lo llamaba acudía presto a su lado.

Pero ese día no sucedió así, pasó un gato, y el galguito siguió su instinto, corrió tras él, la mala fortuna fué que el gato paso entre medio de los barrotes de la valla de las vías del tren, y el Galguito también acabando parado en medio de la vía, su dueño lo llamaba pero ya no le dió tiempo a volver, el tren paso y con el se llevo la vida del Galguito.

No entro en más detalles, no puedo, eso si por favor, aprendamos todos a que ellos dependen de nosotros y que a veces creyendo que les hacemos un bien no es así, escuchemos los consejos de quien trata con ellos desde hace tiempo y sabe de lo que habla, no caigamos en lo típico, que es pensar “esto no me sucederá a mi”, esto quizás no pero puede que otra advertencia desoida si, evitémoslo.

No pongo los nombres del galguito ni de su dueño, respeto su privacidad y su dolor.

El mió si.
Esther.

1 comentario:

Anónimo dijo...

la carta de l'Esther està molt bé. Quina pena pel pobre galgo... la veritat és que la gent no és gens conscient fins que li passa alguna cosa. A mí em va passar que volia deixar còrrer la Jara a la plaça del costat de casa, fins que em va creuar una avinguda de doble sentit i que és molt transitada. Per sort, el semàfor estava vermell i la Jara es va parar a l'altra vorera, però l'ensurt per sempre ja el vaig tenir. Ara, no la deixo anar.
La gent, som així... només aprenem a base d'hòsties (com es diu vulgarment).

Un petó
Meri